No es ninguna novedad que todos los vegetales que el resto de la humanidad ingiere a diario están llenos de transgénicos y que son sacados directamente de la huerta del doctor Frankenstein. Ya no hay escapatoria, porque hasta la señora Juanita que cultiva todo en su propia huerta tuvo que conseguir semillas modificadas.
También todos están conscientes de los pollos están llenos de estimulantes de crecimiento y, en un caso más extremo, que los cerdos de calidad son los que se modificaron al punto de tener carne magra, con un mínimo de grasa para que tenga algo de sabor.
Es más, no sólo se trata de comidas. Mi hermana veterinaria me contaba ayer que las razas de perros en la actualidad están todas modificadas. Hay perros que debido al cruce entre hermanos y padres desarrollan anomalías como que el cerebro les crece más que el cráneo, provocando dolores espantosos y otros problemas, todo con el fin de preservar la estética de esta raza creada. Mencionó también a otros perros que nacieron con una espina dorsal doble y los criadores quisieron dejar esta patología como sello de la raza, matando a todos los cachorros que nacían sanos para dejar sólo a los con espina bífida. No sé qué tienen los bulldog ingleses que tener partos naturales les resulta muy complicado y deben depender de cesáreas para subsistir. Y los pastores alemanes que tanto conocemos ya no son finos, ahora la moda entre esa raza es tener un problema en las caderas que separa sus piernas para dejarlos como ranas. ¡Sacúdete en tu cripta, Rin Tin Tin!Parece todo sacado de una película futurista post-apocalítica, pero es pasado, es presente, es realidad. Todo para satisfacer los caprichos de la humanidad, de su sistema económico y las vanalidades que lo mantienen. No puedo entonces dejar de preguntarme ¿cuánto falta para que apuntemos el visturí hacia nosotros mismos? Ya se puede hacer ver a un ciego, reemplazar un órgano defectuoso, ¿por qué no mejorar las posibles fallas antes de nacer, antes de ser concebidos incluso?
Si el futuro empieza hoy, no me extrañaría que
llegue un punto en que todo humano nazca in vitro, modificado para ser físicamente perfecto y mentalmente superior, dando paso a la discriminación de quienes nazcan "a la antigua", con todas las imperfecciones que esto implica. Tal como sucedía en la película Gattaca.¿Qué pasará entonces con nuestro derecho a ser calvos y regordetes? ¿Acaso no se podrá tener una conversación trivial y para todo habrá que citar a algún filósofo clásico? ¿Qué hay de los narigones y los orejones? ¿No tendrán derecho a amar? ¿No habrá mérito alguno en hacer algo bien hecho? De ser así, ¿sólo habrá retos al equivocarse, pero jamás una felicitación?
Yo prefiero estar en la época del proceso lento y sucio, en que hay que salir a buscar una lección para aprenderla, vivir paso a paso y equivocarse varias veces, en que hacer algo bien requiere esfuerzo y podemos diferenciarnos del resto.
Y quien sabe, tal vez no haya que esperar un futuro donde todo sea blanco y con lucecitas para dejar de preocuparse por las espinillas o una barba irregular, los ojos bizcos o los cuellos cortos.
No hablo de ser mediocres o conformistas, hablo de aceptar los errores y usar la voluntad para mejorarlos, de no preocuparse por defectos que no tienen remedio ni importancia, de ser uno hoy.
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